Skip links

¿Cuál es la diferencia entre enseñar y entrenar? – Serie de preguntas y respuestas sobre la formación de discípulos

¿Cuál es la diferencia entre enseñar y entrenar?

Muchos de los fracasos de la iglesia en el evangelismo se han debido a intentar transmitir mediante la enseñanza habilidades que se desarrollan mejor en la vida espiritual mediante el entrenamiento. Históricamente, el conocimiento se ha transmitido por medio de estas dos formas de educación complementarias, pero claramente distintas: la enseñanza y el entrenamiento.

La enseñanza se centra en la transmisión de conocimientos y conceptos. Por lo tanto, un maestro excepcional puede transmitir información eficazmente a decenas, cientos o incluso miles de personas. Normalmente utiliza hechos, ejemplos e historias para expresar sus ideas. Si tiene talento para enseñar, le bastan las palabras para comunicar lo que desea. Nuestro Señor fue un maestro extraordinario. Sus ilustraciones y parábolas siguen siendo incomparables. El tamaño de los grupos a los que enseñaba no limitaba el impacto perdurable de su enseñanza. Su singularidad radicaba en presentar la verdad espiritual de manera inolvidable, con autoridad y profunda claridad. Se sentía igualmente cómodo enseñando a un pequeño grupo de doce personas que a una multitud de más de cinco mil. Su extraordinaria enseñanza en el Sermón del Monte demuestra que se puede enseñar eficazmente a grupos de cualquier tamaño.

El entrenamiento se diferencia de la enseñanza porque requiere observación. En pocas palabras, el entrenamiento se centra en la transmisión de habilidades aprendidas. La expresión que mejor describe este proceso eminentemente práctico, en el que se aprende mientras se realiza la tarea, es aprendizaje práctico junto a un mentor. Puesto que la observación y la experiencia personal son necesarias para un entrenamiento eficaz, las relaciones de uno a uno se utilizan en todo el mundo como el formato más aceptado para desarrollar habilidades.

Utilicemos la aviación para ilustrar la diferencia entre estos dos conocidos métodos de instrucción. Un verano volaba en un pequeño avión privado con un amigo íntimo que era un instructor de vuelo muy experimentado. Habiendo yo pasado poco tiempo volando en una avioneta, me preocupé un poco al cruzar una escarpada cadena montañosa en Nuevo México. ¿Qué pasaría si mi amigo tuviera un infarto mientras volábamos? Le sugerí que se tomara unos minutos para instruirme sobre los fundamentos del aterrizaje forzoso «seguro» de un avión.

Mientras hablábamos, Wortley Rudd preguntó: «Billie, ¿sabes por qué estoy tan convencido de la eficacia de la formación personal de discípulos?».

«No, pero me gustaría», le contesté.

«Cuando vas a una escuela de aviación —dijo—, literalmente te discipulan para aprender a pilotar un avión. La instrucción básica suele impartirse en tierra, en grupos pequeños. Allí te enseñan los conceptos básicos de aerodinámica; después de esas clases teóricas, la mayor parte de tu entrenamiento práctico tiene lugar en el aire, sentado junto a un piloto experimentado. Observas su ejemplo una y otra vez mientras sigues sus instrucciones. Todo piloto ha sido entrenado individualmente para aprender a volar». La instrucción de uno a uno es muy eficaz en la aviación actual y funcionaba de la misma manera en el ministerio de equipar a otros de la iglesia primitiva.

En la experiencia personal de Jesús discipulando, a veces estaba con sus discípulos en grupo, y en otras ocasiones estaba con ellos individualmente. Discipuló a sus apóstoles utilizando ambos métodos de comunicación y, finalmente, se convirtieron en exitosos pescadores de hombres.

El mismo principio de observación se aplica a la práctica de la medicina. Por lo general, a los cirujanos que realizan las operaciones más delicadas se les exige el período de prácticas más largo y especializado. Cuanto más graves sean las consecuencias de un error, mayor será la necesidad de un entrenamiento individual minucioso. Aunque solo fuera por esta razón, el entrenamiento en el evangelismo personal, que tiene consecuencias eternas, merece nuestra mejor y más comprometida dedicación. Desde los primeros días de su ministerio, el Señor nos lo mostró mediante la alta prioridad que dio al entrenamiento basado en relaciones personales. «Mientras Jesús caminaba junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés. Estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. Venid, seguidme -les dijo Jesús-, y os haré pescadores de hombres. Al instante dejaron las redes y le siguieron». (Mateo 4:18-20). ¡Su entrenamiento práctico había comenzado!

Un verano, mientras estaba de vacaciones en Colorado, experimenté una vívida ilustración de la formación por observación. Ese día había intentado pescar truchas. Aunque lo había intentado con todas mis fuerzas, ¡los peces simplemente no habían cooperado! Al no tener éxito, me di cuenta de que necesitaba la ayuda de un experto.

Poco después empecé a buscar un instructor que me enseñara a pescar. Me presentaron a un experimentado pescador con mosca y accedió a entrenarme en el arte. Dedicó un breve tiempo a introducirme en los «entresijos» de este deporte. Primero aprendí la diferencia entre una mosca «seca» y una mosca «húmeda». Este fue mi periodo inicial de enseñanza, que se centró en la teoría de la pesca con mosca.

Entonces me dijo: «Tomemos una de estas moscas, atémosla a un sedal y salgamos al jardín delantero, donde podremos practicar el lanzamiento». Ahora pasaba de la enseñanza al entrenamiento aplicando los conocimientos adquiridos.

Pasé varios minutos lanzando la pequeña mosca hacia una flor amarilla cercana hasta lograr que cayera junto a la margarita casi siempre. Entonces él entró en el garaje y sacó un par de botas de vadeo que llegaban hasta la cadera. Me las puse y, siguiendo sus indicaciones, caminé por el patio mientras practicaba repetidamente el lanzamiento.

Después de haberme dado esta instrucción básica «en tierra», mi entrenador me dijo: «Ahora estás listo para la experiencia real».

Pensé que me llevaría a un arroyuelo tranquilo como en el que había estado pescando. Sin embargo, para mi sorpresa, llegamos a un ancho y caudaloso arroyo de montaña donde él sabía que abundaban los peces. Inmediatamente aprendí algo importante a través de esa experiencia. En nuestra evangelización, muchos de nosotros no alcanzamos a la gente simplemente porque estamos pescando en los lugares equivocados. Nos preocupa más la belleza y la comodidad de nuestro lugar de pesca que el éxito final de nuestra misión.

Mi instructor me dijo: «Solo sígueme».

Se metió en el agua, que enseguida se hizo bastante profunda, así que se dio la vuelta y me dio algunas indicaciones prácticas. «Billie», me dijo, «nunca te pares sobre una roca hasta que la pruebes. Primero pon el pie encima, luego intenta moverla para ver si rueda bajo la fuerza del agua y tu peso. A continuación, desliza el pie por la superficie de la roca para comprobar si hay musgo que pueda hacerte resbalar. Cuando lances, ten cuidado con las ramas bajas de los árboles de la derecha. Fíjate en cómo lanzo por debajo de ellas».

Seguí su ejemplo al pie de la letra y pronto pesqué varias hermosas truchas arcoíris. ¡Fue una enorme mejora respecto a mi experiencia anterior! ¿Qué marcó la diferencia? Primero, estaba bajo la guía de un pescador experimentado. Segundo, él me enseñó los conceptos básicos de la pesca con mosca antes de entrar en el agua. Tercero, me entrenó personalmente mediante su ejemplo, mostrándome dónde y cómo pescar. Aprendí como su aprendiz al seguirlo dentro del arroyo de corriente rápida. Gracias a ese entrenamiento, ya estaba usando la mosca adecuada, en el arroyo adecuado y a la mejor hora del día para obtener buenos resultados.

Hacer discípulos de manera auténtica requiere equilibrio y una combinación de métodos de instrucción. Algunos conocimientos se transmiten mejor mediante la enseñanza y otros mediante el entrenamiento, porque un método se centra en conceptos y el otro en habilidades aprendidas.

¡Lleve el método de entrenamiento de Jesús a su iglesia o escuela!

Vea nuestra serie de videos de capacitación sobre cómo implementar «Cómo Ser un Hacedor de Discípulos», un «proceso que conduce a un estilo de vida», y siga las explicaciones con las muestras gratuitas de los materiales.

Leave a comment

CHECKOUT