¿Cuál es la forma más eficaz de cumplir la Gran Comisión?
«…id y haced discípulos…» (Mateo 28:19)
«Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones» (Mateo 28:19). Para cumplir esta comisión de nuestro Señor, el principio de la multiplicación evangelística debe hacerse realidad en la iglesia: «Otras semillas cayeron en buena tierra; brotaron, crecieron y produjeron una cosecha que rindió el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno» (Marcos 4:8).
Para cumplir la Gran Comisión, debemos actuar según el mensaje de la Reforma de que todos los creyentes están llamados a ser ministros. Con este objetivo espiritual en mente, los pastores y líderes de la iglesia también deben llegar a ver sus roles en la formación de discípulos a la luz de las palabras de Pablo a los Efesios: «Y Dios constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo». (Efesios 4:11-12)
Este concepto de ministerio ofrece grandes posibilidades a cualquier iglesia o persona que lo tome en serio. En primer lugar, debemos equipar para el ministerio de Cristo a los miembros de la iglesia que sean fieles, estén disponibles y tengan disposición para aprender. Debemos ayudarlos a realizar la obra que Dios les ha encomendado y para la cual fueron creados. Pablo dijo: «Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que las hiciéramos» (Efesios 2:10).
En segundo lugar, se les debe mostrar un proceso práctico transferible por el cual estas verdades y habilidades de crecimiento espiritual pueden ser confiadas a hombres y mujeres fieles que luego enseñarán y entrenarán a otros. Utilizando este sencillo método, la multiplicación espiritual comenzará a producirse de forma natural a través de sus vidas. «Y las cosas que me has oído decir en presencia de muchos testigos, entrégalas a personas de confianza que también estén capacitadas para enseñar a otros». (2 Timoteo 2:2)
En tercer lugar, debemos inculcar una visión mundial en sus corazones. Necesitan ver su propia importancia individual en el plan eterno de Dios para alcanzar el mundo para Cristo. Deben proponerse por fe no ser eslabones débiles en la cadena espiritual de Dios, ¡para que el testimonio del Evangelio se oiga pronto en todas las naciones en preparación para la segunda venida de Jesucristo! «Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin». (Mateo 24:14)