«Quiero participar en la Gran Comisión, pero me siento tan abrumada con los asuntos de la vida y las responsabilidades como esposa y madre. ¿Cuáles son algunas formas prácticas en las que puedo compartir activamente mi fe y hacer discípulos como parte de mi estilo de vida diario?»
Como esposa y madre, puede ser difícil encontrar el tiempo y la energía para compartir su fe y hacer discípulos habitualmente. Es fácil sentirse abrumada por el ajetreo de la vida. Entre cuidar de su familia, cumplir con sus responsabilidades y procurar atender sus propias necesidades, puede parecer que queda poco tiempo para cualquier otra cosa.
Sin embargo, a pesar de todo esto, usted sigue teniendo un profundo deseo de participar en la Gran Comisión. Quiere que su vida tenga un valor eterno y que influya positivamente en quienes la rodean para acercarlos a Cristo.
La buena noticia es que no tiene que hacer nada drástico ni abandonar todas sus responsabilidades para lograrlo. Hay maneras prácticas de incorporar la tarea de hacer discípulos a su vida diaria e influir positivamente en quienes la rodean.
Ore para tener oportunidades de compartir su fe
Haga de la oración por oportunidades para compartir el evangelio con quienes la rodean un hábito diario. Pida a Dios que abra puertas para comunicarles su verdad y que le dé el valor y la sabiduría para hacerlo.
«Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias. Al mismo tiempo, rogad también por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de anunciar el misterio de Cristo, a causa del cual estoy encarcelado, para que lo exponga claramente, que es como debo hablar.»
– Colosenses 4:2-4
Cultive relaciones auténticas
Cultivar relaciones auténticas es fundamental para hacer discípulos. Dedique tiempo a conocer a las personas que forman parte de su vida y muestre verdadero interés por ellas. Escúchelas y acompáñelas. Busque maneras de servir a quienes la rodean. Ya sea ofreciéndose a cuidar a los hijos de una vecina para que descanse, llevando una comida a una familia necesitada o dedicando tiempo a escuchar a alguien que necesita hablar, estos pequeños actos de bondad pueden tener un gran impacto. Así se establece una base de confianza y se abren puertas para desarrollar relaciones significativas en las que hacer discípulos.
«Amados, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios».
– 1 Juan 4:7
Viva su fe
Una de las maneras más poderosas de hacer discípulos es vivir su fe con autenticidad ante los demás. Viva con propósito y deje que sus acciones hablen más que sus palabras. Esto incluye dar ejemplo al orar, leer y estudiar la Biblia, servir a otros y estar dispuesta a perdonar sin demora.
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
– Mateo 5:16
Comparta su testimonio
Su historia personal de fe puede ser una poderosa herramienta para hacer discípulos. Dedique tiempo a preparar su testimonio y practique cómo compartirlo con otros. Hable con sinceridad y apertura sobre sus luchas y sobre cómo la fe ha influido en su vida. Así podrá acercarse a otras personas y compartir con ellas la esperanza del evangelio.
«¡Declarad su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos!».
– Salmo 96:3
Actúe con propósito
Hacer discípulos requiere intencionalidad. Fíjese objetivos y elabore un plan para compartir activamente su fe y hacer discípulos en su vida diaria. Esto puede incluir invitar a la gente a la iglesia, organizar un estudio bíblico en su casa, o buscar intencionalmente oportunidades para servir y compartir el amor de Cristo con los demás.
«Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».
– Mateo 28:19-20
Recuerde siempre que su vida cotidiana es valiosa y significativa. Cada pequeño acto de servicio, cada oración y cada conversación pueden tener un impacto eterno. Confíe en que Dios está obrando por medio de usted y que está influyendo positivamente en la vida de quienes la rodean.
Hacer discípulos puede parecer abrumador, pero es importante recordar que Dios puede usar incluso nuestras pequeñas acciones cotidianas para obrar a favor de su reino. Al orar por oportunidades, cultivar relaciones, vivir la fe, compartir su testimonio y actuar con propósito, usted puede participar activamente cada día en la Gran Comisión…
«MIENTRAS VAN… hagan discípulos».